¿Imaginas lo que debe ser pasar encerrado en una minúscula habitación de 2 metros de largo, por 1,5 de ancho, en penumbras, sin escuchar un solo ruido excepto algún que otro golpe de una puerta al cerrarse o el rasgeo de tu pluma sobre el papel? Eso lo han vivido grandes escritores de nuestro historia: Tomás Moro, Oscar Wilde, Gandhi... Sólo una mesa y una silla en una habitación oscura, sin más mobiliario.
El escalofrío y el pavor al oír cerrarse la puerta tras de tí y verte a oscuras, en una habitación de paredes, suelo y techo pintados de negro. Al fondo, en un pequeño rincón, ves una minúscula mesa y una bajita silla, casi lo adivinas más que verlos. La soledad, el vacío, la oscuridad parece que te envuelve y te devora, hasta que te percatas de una leve lucecita, en mitad del techo, casi como una minúscula velita de cumpleaños sobre tu cabeza. Coges el libro que hay al fondo, y te concentras en leer el título y el autor. La desobediencia civil, de Henry David Thoreau, uno de los literatos más importantes norteamericanos, que vivió en el siglo XIX y pasó cuatro años encerrado en una celda muy similar a la que te encuentras por no pagar los impuestos que irían destinados a la Guerra contra México.
Te obligas a leer el editor. Le das la vuelta al libro y comienzas a leer la sinopsis para superar el pánico. Tus ojos comienzan a adaptarse a la nueva situación. Ya puedes sentir más que ver las líneas que configuran los dos muebles de la estancia y de la puerta. Abres el libro y comienzas a descifrarlo, tratando de que la luz te ilumine suficientemente las letras. Cuando no llevas ni media página y comienzas a calmarte y casi te dan ganas de sentarte en el suelo sino fuera porque no iluminaría lo suficiente, te sobresaltas al escuchar el sonido metálico de la puerta al abrirse. La luz blanca entra y te ciega por un instante. Allí está tu carcelero, vestido de traje.
Eres libre.
4 minutos por 4 años. ¿Imaginas lo que puede ser esa experiencia? Ellos nunca sabían cuando iba a terminar su encierro. Escribir para no enloquecer. La mejor terapia para pasar el pánico.
Esa es la muestra que más me ha impactado, a nivel personal, de la nueva exposición temporal del MARCO, en Vigo, 7+1 Project Rooms. Una reunión de varios artistas dedicados a la denuncia social de la crueldad. La violencia como tema principal de la muestra: la violencia sontra la mujer representada en 24 altavoces con la grabación de los lugares donde encontraron los cadáveres de 24 mujeres asesinadas en Juarez, en México, en donde el femicidio ha crecido desde 1993 en medidas sorprendentes, y en un vídeo plasmado en una pared con un cañón de luz, en el que aparece transcrita una discusión entre una pareja, que acaba con la muerte de ella a manos de él, axfisiada (se le eriza a una la piel), luego... silencio; la violencia en contra de la libertad de expresión, por motivos políticos, en el caso de nuestros artistas de las celdas...7 celdas; violencia contra el ser humano y la denuncia de la violación de los derechos humanos representado, por una parte, por una gigantesca carroza, algo semejante a un collage gigantesco en forma de composición escultórica, llena de flores de todo tipo, recortes en grande de frases contenidas en los cuatro libro que colgaban de cada una de las esquinas, Rousseau, Spinoza..., fotografías de linchamientos humanos, pastillas gigantes con la palabra "equality" escrita, miles de pastillas pequeñas, m0ntañas de pastillas, estanterías con libro, manuscritos de artículos sobre la igualdad cayendo de toda partes, carteles gigantes con valores y contravalores..., también represntado en una fascinante habitación con una moqueta blanca, suave, paredes blancas y alejadas, altas como pilares del cielo, y en el centro una vitrina iluminada grandiosamente desde el techo por una luz dorada.... cuando llegas allí con la sensación de estar caminando sobre las nubes, de estar en el Olimpo de los dioses... una cerilla. Caminas al fondo de la habitación, y tras una pared un televisor. ¿Qué es? Una imagen sólo vista dos veces en el mundo por su extrema crueldad: un linchamiento de un hombre en el sur de África, siendo quemado... con una simple cerilla. Las imágenes son tan duras que el impulso es girar la cabeza y salir corriendo de allí. La violencia contra la naturaleza representada en la cima seccionada de una montaña, tremendamente realista, seccionada, a su vez, su punta, como si una guadaña gigante le hubiera amputado un pedazo, que se encuentra al lado, inerte. Y si caminas por detrás, una pequeña madriguera abandonada.
Y como centro de la exposición la violencia representada en un ambiente sadomasoquista. Una suerte de arneses pintados de negro cuelgan de una estructura metálica que, cada cierto tiempo, cae, para susto de quien esté debajo, observando, preguntándose qué diablos será, pensando desde arneses de caballo hasta la esctructura que sujeta el cuerpo perteneciente a un paracaídas, pero sin el paracaídas en sí.
Una muestra increíble, como las que suele acoger el hall del Museo de Arte Contemporáneo (MARCO). No os la perdáis!
El escalofrío y el pavor al oír cerrarse la puerta tras de tí y verte a oscuras, en una habitación de paredes, suelo y techo pintados de negro. Al fondo, en un pequeño rincón, ves una minúscula mesa y una bajita silla, casi lo adivinas más que verlos. La soledad, el vacío, la oscuridad parece que te envuelve y te devora, hasta que te percatas de una leve lucecita, en mitad del techo, casi como una minúscula velita de cumpleaños sobre tu cabeza. Coges el libro que hay al fondo, y te concentras en leer el título y el autor. La desobediencia civil, de Henry David Thoreau, uno de los literatos más importantes norteamericanos, que vivió en el siglo XIX y pasó cuatro años encerrado en una celda muy similar a la que te encuentras por no pagar los impuestos que irían destinados a la Guerra contra México.
Te obligas a leer el editor. Le das la vuelta al libro y comienzas a leer la sinopsis para superar el pánico. Tus ojos comienzan a adaptarse a la nueva situación. Ya puedes sentir más que ver las líneas que configuran los dos muebles de la estancia y de la puerta. Abres el libro y comienzas a descifrarlo, tratando de que la luz te ilumine suficientemente las letras. Cuando no llevas ni media página y comienzas a calmarte y casi te dan ganas de sentarte en el suelo sino fuera porque no iluminaría lo suficiente, te sobresaltas al escuchar el sonido metálico de la puerta al abrirse. La luz blanca entra y te ciega por un instante. Allí está tu carcelero, vestido de traje.
Eres libre.
4 minutos por 4 años. ¿Imaginas lo que puede ser esa experiencia? Ellos nunca sabían cuando iba a terminar su encierro. Escribir para no enloquecer. La mejor terapia para pasar el pánico.
Esa es la muestra que más me ha impactado, a nivel personal, de la nueva exposición temporal del MARCO, en Vigo, 7+1 Project Rooms. Una reunión de varios artistas dedicados a la denuncia social de la crueldad. La violencia como tema principal de la muestra: la violencia sontra la mujer representada en 24 altavoces con la grabación de los lugares donde encontraron los cadáveres de 24 mujeres asesinadas en Juarez, en México, en donde el femicidio ha crecido desde 1993 en medidas sorprendentes, y en un vídeo plasmado en una pared con un cañón de luz, en el que aparece transcrita una discusión entre una pareja, que acaba con la muerte de ella a manos de él, axfisiada (se le eriza a una la piel), luego... silencio; la violencia en contra de la libertad de expresión, por motivos políticos, en el caso de nuestros artistas de las celdas...7 celdas; violencia contra el ser humano y la denuncia de la violación de los derechos humanos representado, por una parte, por una gigantesca carroza, algo semejante a un collage gigantesco en forma de composición escultórica, llena de flores de todo tipo, recortes en grande de frases contenidas en los cuatro libro que colgaban de cada una de las esquinas, Rousseau, Spinoza..., fotografías de linchamientos humanos, pastillas gigantes con la palabra "equality" escrita, miles de pastillas pequeñas, m0ntañas de pastillas, estanterías con libro, manuscritos de artículos sobre la igualdad cayendo de toda partes, carteles gigantes con valores y contravalores..., también represntado en una fascinante habitación con una moqueta blanca, suave, paredes blancas y alejadas, altas como pilares del cielo, y en el centro una vitrina iluminada grandiosamente desde el techo por una luz dorada.... cuando llegas allí con la sensación de estar caminando sobre las nubes, de estar en el Olimpo de los dioses... una cerilla. Caminas al fondo de la habitación, y tras una pared un televisor. ¿Qué es? Una imagen sólo vista dos veces en el mundo por su extrema crueldad: un linchamiento de un hombre en el sur de África, siendo quemado... con una simple cerilla. Las imágenes son tan duras que el impulso es girar la cabeza y salir corriendo de allí. La violencia contra la naturaleza representada en la cima seccionada de una montaña, tremendamente realista, seccionada, a su vez, su punta, como si una guadaña gigante le hubiera amputado un pedazo, que se encuentra al lado, inerte. Y si caminas por detrás, una pequeña madriguera abandonada.
Y como centro de la exposición la violencia representada en un ambiente sadomasoquista. Una suerte de arneses pintados de negro cuelgan de una estructura metálica que, cada cierto tiempo, cae, para susto de quien esté debajo, observando, preguntándose qué diablos será, pensando desde arneses de caballo hasta la esctructura que sujeta el cuerpo perteneciente a un paracaídas, pero sin el paracaídas en sí.
Una muestra increíble, como las que suele acoger el hall del Museo de Arte Contemporáneo (MARCO). No os la perdáis!
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