martes, 26 de febrero de 2008

Ni una vez más


Son las 2 de la mañana. Es jueves. El niño ya está acostado, mañana tiene guardería.



Pero él no ha llegado... ¿Le habrá pasado algo? La cena está sobre la mesa, fría ya. Cojo el móvil de encima de la mesa y trato de llamar de nuevo.



"El móvil al que llama está apagado o fuera de cobertura". Cierro la tapa con furia, impotente, con frustración, y lo aprieto contra el pecho, con las lágrimas asomando a mis ojos. ¿Y si le ha pasado algo?, me pregunto. Pero no me atrevo a llamar a la policía. No me atrevo a vestirme y salir a buscarlo y dejar al niño solo. Tendría que llamar a mis padres para que vinieran a vigilar su dulce sueño. Pero no puedo. No es la primera vez que lo hace. Seguramente se habrá quedado bebiendo con sus amigos, como hace al menos una vez al mes. Y mis padres no pueden enterarse.



"Siempre te dije que ese hombre no te merecía", diría mi madre. Y no podría soportar que me echara todo en cara. Siempre había sabido que esto acabaría así. Siento rabia y ansiedad a la vez. ¡¿Por qué hace siempre lo mismo?! Pero... ¿y si esta vez no es así? Me dirijo al otro lado de la cocina y vuelvo, apretando el teléfono en mi mano. Así camino un rato... paso un trapo a la encimera, vuelvo a caminar, ordeno cosas, vuelvo a caminar...



Al rato oigo, furiosa, como se abre la puerta del ascensor y alguien saca unas llaves. Pero cuando oigo el tropezar de éstas contra la cerradura mi enfado deja paso al pánico. Me apresuro a meter la comida en el microondas para que al menos vea que está caliente y corro a preparle un baño. Abro el grifo de la ducha a la vez que oigo el portazo en la puerta. Mi bebé se despierta llorando.



- Carolina, ¡calla a ese niño!- grita desde el recibidor mi dulce y trabajador marido. Si él no tiene la culpa de emborracharse... Viene cansado, su trabajo no le gusta... seguro que le han incitado los estúpidos de sus amigos.



-Carolina, ¿por qué coño no está la cena?- oigo su voz vacilante y gruesa por el pasillo.



"Por favor, por favor... Señor, que no se enfade más, no quiero... no quiero que me toque, no quiero que me pegue, ¡por favor!", pienso, frenética.



- ¡¡¡Carolina!!!- oigo detrás mía. Suelto el mango de la ducha asustada, mojando todo, y me levanto de un salto mientras me giro hacia él, entonces...



¡¡¡PLAFF!!!



Mi mundo se oscurece, no alcanzo a ver el rostro de mi amor... un dolor me cruza el rostro, y retrocedo sin querer... caigo dentro de la bañera y me golpeo de manera dolorosa la cabeza. Cuando empieza a clarearse mi vista y a escuchar noto como algo caliente se escurre por mi sien. Al principio pienso que es el agua... pero cuando llega a la comisura d emis labios y noto el sabor salado y la textura un poco más espesa que la del agua me asusto: es sangre. Empiezo a llorar, muerta de miedo. Oigo a mi marido gritándome y echándome en cara que todo eso es por mi culpa y algo sobre que un amigo había dicho que me habia visto con alguien. No entiendo nada. No puedo ni hablar. Tan sólo lloro. Y oigo llorar a mi hijo. Parece que supiera lo que pasa. Sólo quiero ir con él y abrazarle contra mi pecho. No puedo más. ¡Tengo miedo, no comprendo! ¿Por qué me trata así? Yo sólo quiero que me abrace, que se disculpe, que empecemos de nuevo... no sé, no sé...



Se agacha sobre mí... me va a coger en sus brazos, me va a amar, me va a besar... como tantas otras veces... cierro los ojos y suspiro... el último suspiro... el último sonido... el último golpe... mi última esperanza antes de que él ponga sus manos alrededor de mi cuello y decida acabar con mi vida, la cual está en sus manos. ¡Qué irónico final!


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En fin... esta historia que acabo de escribir (relato de cosecha propia) podría ser el destino de unas 80 mujeres a lo largo de este año.



¿A qué viene esto? Hoy han muerto nada más y nada menos que cuatro mujeres a manos de sus parejas o ex parejas. ¡Es absolutamente terrible, escalofriante! He tratado de meterme en la piel de una mujer joven, esa tal Carolina, un personaje de ficción. Una mujer aparentemente normal para su círculo social y familiar. Pero cuya realidad sería muy distinta de las puertas de su casa para adentro. Su hijo, la vergüenza, el absurdo amor que hay veces en que no podemos entender que una persona nos quiera así, "nos quiere a su manera". Se pueden pasar por alto mil cosas, decir eso en otras situacines, engañarnos en todas las que queramos, incluso cuando nos son infieles... Eso es decisión de cada una. Pero, ¿se puede pensar que un hombre nos quiere cuando nos pega? ¿Cuando nos usa y luego nos desprecia? ¿Cuando nos amenaza? ¿Cuando intenta matarnos?



La mente humana es maravillosa, pero justamente por eso es realmente compleja. Nunca sabemos cómo podemos llegar a actuar en un momento determinado. Yo no entiendo como una mujer puede perdonar un golpe, una amenaza, una paliza, una violación (porque no por ser pareja tienes porque ser la puta de él, no confundamos las cosas... cuando una dice "no" es "NO" y no hay discusión)... No sé cómo aceptan el miedo, la frustración, el desprecio... y más teniendo un niño o varios... Los hijos no son una excusa para no huir de un maltratador, son la excusa para hacerlo, para escapar. Porque ellos son los que sufren. Porque ellos se quedan sin madre. Porque ellos tiemblan en una esquina y lloran cuando ven que su papá pega a su mamá. Porque son los que crecerán o traumatizados o futuros maltratadores. Porque cuando un hombre es violento con su mujer también lo puede ser con sus hijos. Por su integridad...



Por eso desde aquí digo: NI UNA MÁS. NI UNA MUJER MÁS MUERTA A MANOS DE SU PAREJA. NINGUNA MUJER MÁS MALTRATADA. NINGÚN HOMBRE MÁS QUE SUFRA VEJACIONES O GOLPES Y NO SE ATREVA A DENUNCIAR POR EL RIDÍCULO. NI UN HOMBRE NI UNA MUJER SIN UNA VIDA POR EL MIEDO A SU RESPECTIVA PAREJA.



Ni una más.



Beatriz Sacco

5 comentarios:

Anónimo dijo...

Que el verso sea como una llave
que abra mil puertas.
Una hoja cae; algo pasa volando;
cuanto miren los ojos creado sea,
y el alma del oyente quede temblando.]
Inventa mundos nuevos y cuida tu palabra;]
el adjetivo, cuando no da vida, mata. ]
Estamos en el ciclo de los nervios.
El músculo cuelga,
como recuerdo, en los museos;
mas no por eso tenemos menos fuerza:
el vigor verdadero
reside en la cabeza.
Por qué cantais la rosa, ¡oh Poetas!,
hacedla florecer en el poema;
sólo para nosotros
viven todas las cosas bajo el Sol.

El Poeta es un pequeño Dios.
(De El espejo de Agua, 1916)

VICENTE HUIDOBRO



Os invito a la reflexión.

Thamara dijo...

Me ha gustado tu historia (bueno, desde el punto de vista de la redacción, tú me entiendes jejejeje). La verdad es que es una vergüenza que en una sociedad "avanzada" como la de hoy en día sucedan estas cosas.

Yo tampoco entiendo que una mujer acepte que su pareja le pegue, pero entiendo que cada persona es un mundo y tiene su manera de razonar.

No hay que olvidar que a parte del maltrato físico, que has plasmado de manera impecable, hay otros maltratos, como por ejemplo el psicológico. Tu pareja (digo pareja pero en realidad, aunque aquí te centras en el maltrato dentro de la relación sentimental, no podemos olvidar que cualquiera puede llevarlo a cabo en cualquier ser humano, como un padre con un hijo) utiliza la humillación, los insultos, las vejaciones, la exigencia a la obediencia, los gritos, el aislamiento social, la culpabilización, el rechazo, el chantaje emocional y demás argucias para menguar la autoestima de la mujer (o demás víctimas). La persona atacado no es capaz de distinguir este tipo de maltrato claramente ya que lo achaca al carácter del agresor. Con estos métodos consiguen que la otra persona no tenga autoestima, que crea que son ciertas las cosas que se dicen de ella y se sienten culpables por ello. Este tipo de maltrato es tan peligroso como el físico, además no puede ser demostrado ante las autoridades.

Miles de mujeres lo sufren, pero no se atreven a denunciarlo por miedo a que las amenzas se cumplan, tipo "No le tengo miedo a la policía... y yo iría a la cárcel, pero tú ibas derecha al tanatorio".

Creo que es una buena iniciativa la colocación de un contador de víctimas en la calle, de esa manera la gente se va concienciando poco a poco. Aquellos que no temen las consecuencias que alcen la voz.

Si sufres maltrato, o sabes de alguien que lo sufra, denúncialo o quizás será demasiado tarde...

Número de teléfono de emergencias para el maltrato a la mujer: 016

Número de teléfono de atención al menor: 900 100 033

Porque nos puede estar pasando a todos...

Locksley dijo...

¡Hola!:
Estoy totalmente de acuerdo contigo: NI UNA MÁS. A parte del poema de Vicente Huibodro y de los números que ha puesto Thamara no tengo nada que añadir. Entre todos podemos hacer a este mundo mejor. Por favor, intentémoslo.
¡¡Feliz día a todos!!

Anónimo dijo...

¡¡Hola!!

Realmente parece increíble que a estas alturas aún tengamos que enterarnos de este tipo de cosas día sí, día también.

Sólo quiero añadir que existe una asociación llamada ASOCIACIÓN REDE DE MULLERES VEIÑAIS CONTRA OS MALOS TRATOS DE VIGO (creo que no es necesario aclarar cuál es su labor).

Teléfonos: 986222328-606929137

Correo-e: redemediadorasvigo@hotmail.com

Espero que nadie lo necesite pero ahí queda...

Anuska

PD: Felicidades por el texto.

Anónimo dijo...

La verdad es que no me queda mucho más que decir después de vuestras intervenciones. Quiero felicitar a Bea por tan realista ejemplo de tal injusticia y a todos los que con su comentario están poniendo su granito de arena. No creo que estemos más avanzados sino que estamos retrocediendo. Simplemente disponemos de más cosas que antes pero no hacemos nada. Recordad que todo empieza con la educación y si todos colaboramos podremos tener un mundo mejor.